Mi casa… Es mía, ¿verdad?

Usted compra un local para su negocio a través de un agente inmobiliario, porque le resulta conveniente y la oferta es lo bastante interesante. Así que usted firma donde le dicen, suelta la cantidad convenida, y se traslada allí.

Todo va bien, pero un buen día llega y se encuentra su local precintado y un policía en la puerta.

  • “No puede entrar”, le informa, “porque se lo ha embargado Hacienda”.
  • “¿Mande? Yo no le debo a Hacienda ni un sello; mi negocio y hasta mi fiscalidad personal están tan de libro que las podrían usar como material para el curso de oposición a inspector de Hacienda. ¿Qué me está contando?”

Bueno, pues como uno no hace valer sus derechos sentándose en el último escalón, usted va y hace sus averiguaciones.

Resulta que, cuando compró el local, lo pagó. Pero nunca llegó a ponerse a su nombre; sigue a nombre de la promotora, que como casi todas las del país, está en quiebra. Usted no le debe nada a Hacienda, pero la promotora sí, y su local no es suyo legalmente, sino de la promotora. Bueno, ahora es de Hacienda.

“Esto es ridículo. Yo jamás dejaría que llegara la cosa a este punto, ¿cómo no voy a poner el local de mi negocio a nombre de mi empresa?”

Sí, es ridículo; y es increíble que un activo tan importante como el local no esté escriturado correctamente a nombre de la empresa. Y, sin embargo, lo vemos todos los días. No con los locales, claro. Con los dominios.

Los dominios de Internet, hoy día, son un activo digital. Y son un activo por lo menos tan importante como el nombre de la empresa y sus marcas registradas. Es el nombre por el que se conoce a la empresa en Internet: Ahí es nada. Y, cada vez más, en el mundo real. Sin embargo, una cantidad asustante de empresas exhiben una falta de cuidado olímpica cuando se trata de algo tan importante como los datos de registro de estos activos digitales, los dominios.

No es admisible que el dominio, o los dominios, de la empresa, estén a nombre del proveedor, igual que no es admisible que el local esté a nombre de la promotora. Tampoco es lógico que estén a nombre del informático, del administrativo, o del socio más versado en cosas digitales. Los datos del propietario han de ser, valga la redundancia, los del propietario. Y especialmente, el correo electrónico tanto del propietario como del contacto administrativo, han de ser cuentas preferiblemente de rol (correos que llegan a más de una persona), que incluyan a quien ha de estar al tanto de las cuestiones administrativas, pero también a quien tenga la responsabilidad de la gestión de los activos digitales. Y, en caso de duda, como mínimo los administradores de la empresa, que para eso están.

Verificar los datos que constan para un dominio es sencillo y gratuito: Son datos públicos. En la práctica totalidad de los dominios, hay un propietario, un contacto administrativo (análogo al administrador de una sociedad) y unos contactos técnicos y de facturación, estos últimos una herencia de tiempos pasados y que en la práctica sirven para bien poco.

El no tomar la sencilla precaución de verificar y mantener al día los datos de los dominios viene a ser algo como no ponerse el cinturón de seguridad en el coche. Si no pasa nada, no pasa nada. Pero como pase…