Usando Internet tanto con esto del confinamiento, ¿se puede romper?

Un poco. Pero no mucho.

La Internet son básicamente tres cosas: Cables de fibra óptica, centros de datos y la red de casa (o de la oficina, cuando teníamos de eso). Vamos a ver cómo influye el incremento de uso en esos elementos.

Switches en un centro de datos, apenas empezados a cablear

Los cables de fibra óptica no se recalientan o desgastan apreciablemente en proporción a la cantidad de información que transportan. La luz que transportan está encendida, en general, de manera permanente; va modulándose según la información. Es decir, que los cables van a durar lo mismo lleven mucha información o poca, y cuando se rompan generalmente es más bien por el exceso de entusiasmo en el manejo de una retroexcavadora que por desgaste. Además, la red en general está muy mallada y cuando se rompe un enlace (especialmente un enlace importante), automáticamente otros se ocupan de transportar su información. Lo que sí está algo más sujeto a desgaste son los elementos que iluminan los cables, pero esos elementos suelen durar años y siempre hay recambios a mano. Por su parte, el resto de equipos de transmisión también suelen durar bien de años y también se mantienen recambios a mano por si acaso. En todo caso, todo esto no es sensiblemente diferente si se usan mucho o poco, y tiene más bien que ver con el tiempo. Sobre todo, con el tiempo que llevan encendidos.

Discos duros de estado sólido diseñados especialmente para uso en centros de datos

Los centros de datos, en general, se comportan de una manera similar con el importante matiz de que tienen, literalmente, muchas más piezas móviles que un cable, y que además la retroexcavadora tiene que ser mucho más grande. En un centro de datos normalito, hay miles y miles de cables de todo tipo, y también intercambiadores de calor, bombas, baterías, discos duros mecánicos (que aún se utilizan mucho), ventiladores como para sacar la arena de una playa y otros elementos y equipos auxiliares. Pues bien, ¿qué parte de todo esto se puede romper o al menos desgastar más con el uso? Pues, en realidad, poca cosa: El elemento más sensible al uso es el almacenamiento de información. Vamos, los discos duros. Los discos duros, particularmente los de estado sólido, sí que tienen una vida útil que depende casi únicamente de la cantidad de datos que se escriban en ellos. Así que, en un centro de datos, un conjunto de servidores que se usa más y escribe más información, necesitará antes un cambio de discos que uno que no hace nada. Pero nuevamente, estos equipos suelen estar configurados con redundancia y cuando un disco se rompe, otros asumen su carga; y se suelen mantener recambios a mano.

En cuanto a la red de casa (o de la oficina), todo usuario sabe por experiencia que lo peor que ocurre cuando se usa mucho es que va más lento todo, especialmente si la conectividad no es de las mejores del mercado; pero que encontrando la causa del embotellamiento (¡Niñoooo!¡Parallutubeeee, que tengo que curráaaaa!), las cosas vuelven a funcionar perfectamente sin daño permanente alguno.

De todo esto se deduce que lo único que necesita la Internet para no romperse (con más o con menos carga) es un mantenimiento adecuado, y ese mantenimiento no es diferente con CoViD-19 que sin CoViD-19, con la salvedad de que ahora al entrar a centros de datos hay que pringarse las manos con gel de alcohol y/o jurar solemnemente por escrito no portar la enfermedad, la primera de las medidas ciertamente más eficaz y realista que la segunda.

Todo esto está muy bien desde un punto de vista teórico, pero ¿hemos medido que sea cierto?

Ciertamente, se ha medido. Básicamente, se han medido dos cosas: Una es si, aunque no se rompa, la Internet va más lenta. La otra es si, literalmente, se rompe, entendiendo que se rompa como que aparezcan fallos de conectividad que llegan a impactar a los usuarios.

RIPE tiene un artículo estupendo titulado Internet Usage Measurements in the Time of Corona al que los lectores más técnicos querrán, sin duda, echar una ojeada para profundizar en lo comentado. También es aconsejable para el lector interesado mantener una mirada en su sección especial de RIPE Labs COVID-19. El primero cita varios estudios que miden uno y otro aspecto (velocidad y caídas), mientras que el segundo va publicando artículos en un espectro más amplio de interés.