¿Debería dar el auth code?

Como todas las gestiones de este mundo, debe darse cuando debe darse.

En nuestra actividad como Registrador de dominios, escuchamos habitualmente muchas historias. Cosas que han sucedido con dominios, con webs, con servicios, con empresas, entidades y todo tipo de organizaciones. Peleas de socios, fusiones de empresas y, en general, el reflejo en los servicios técnicos y de Registro de dominios que tiene la actividad social y empresarial cotidiana.

No nos deja de sorprender la falta de cuidado con la que, a veces, se tratan los activos digitales de las empresas. Especialmente, si se contrasta con la magnitud de los problemas que dicha falta puede acarrear.

Desafortunadamente, es aún poca la consciencia en la gestión sobre la importancia de mantener los activos digitales controlados y seguros, y esto se refleja perfectamente en la facilidad con la que se facilita un auth code.

Un auth code es equivalente a un apoderamiento de gestión. Es el elemento que permite mover un dominio de un registrador a otro. Bien, ¿y cuándo conviene mover un dominio de registrador? Hay varios motivos por los que esto se hace, el más habitual siendo el de unificar la gestión de varios dominios. Pero, y aquí viene lo interesante, ¿quién está unificando la gestión? Si es el titular del dominio, una empresa que dispone de varios, es claro y lógico. Pero, en ese caso, nadie tiene que dar el auth code a nadie. Entonces, ¿en qué caso la unificación de gestión requiere que alguien de un auth code a otro? En el caso en que el gestor y el titular del dominio, o dominios, sean empresas diferentes.

En Tecnocrática abogamos siempre por mantener control de los activos digitales, y esto pasa necesariamente por que cada empresa se haga cargo de, y gestione, sus dominios. Pero las intenciones van por una parte y las prácticas comerciales van por otro, y la práctica comercial con la que nos topamos aquí es la de algunas empresas de diseño de páginas web y comercio electrónico, que por practicidad en su gestión, lo primero que hacen cuando venden un proyecto a un cliente, es pedirle la gestión de sus dominios, llevándolos no al Registro que conviene al titular, sino al que conviene a la empresa de diseño. Que, generalmente, es donde llevan trabajando «toda la vida».

La cartografía judicial, y concretamente el juzgado donde cae para resolverse un conflicto mercantil, es algo que normalmente solo conocemos por la costumbre de mencionarse como última cláusula de casi cualquier contrato: «ambas partes se someterán, en renuncia a su propio fuero, a los Tribunales de Madrid». ¿Suena familiar?.

Ahora, imaginemos una empresa como tantas otras que tiene sus dominios y su alojamiento, y decide contratar un rediseño de su web. Eligen una empresa que les oferta un «paquete» de servicios, «todo en uno», «no se preocupe». Y lo primero que hacen es… Pedirles el auth code.

Cualquiera de las mil cosas que en la vida empresarial se pueden torcer, se tuerce. Supongamos, por poner algo habitual, que un criminal le «cuela» una página de «phishing» del Banco Pichincha. La empresa no es consciente, y la del «paquete» de servicios ignora las peticiones del departamento de seguridad del banco y posteriormente de la Policía. Y el Registro que usa esta segunda, que resulta que está en Estados Unidos, también. Y claro, es de entender que casi nadie tiene una seguridad a prueba de bombas en su web, pero no hacer caso a repetidas advertencias de alojar una página de estafas, acaba siendo colaboración en un delito. ¿Responsable? La empresa. ¿El Registro? Échenle un galgo. ¿La empresa de diseños web? Se remite a la titularidad del dominio.

No hace ninguna falta comprar un «paquete» de servicios para comprar un rediseño de web, ni tampoco hace falta trasladar el dominio aunque se quiera cambiar de proveedor el alojamiento. Lo mejor, de hecho, es tener los dominios registrados en un Registrador (no en un revendedor) que pertenezca al mismo partido judicial, o en su defecto, que esté medianamente cerca: Si hay algún follón de tipo legal, será más fácil de resolver. O, por lo menos, no costará una fortuna en dietas.