¿Necesito IPv6 en mi web?

Como todo lo que tiene que ver con tecnología, la respuesta es «depende». Depende de lo que haya en la web, depende de cómo de importante sea que entregue una experiencia de usuario lo más ágil posible; de que se encuentre buscando (el famoso SEO); de a quién vaya dirigida…

En general, IPv6 no es imprescindible para que una web funcione. Ni siquiera es imprescindible para que una web sea visitable por parte de aquellos dispositivos, mucho más comunes en algunas zonas del mundo que en otras, que solamente tienen ya IPv6. Entonces, ¿por qué preocuparse?

Especialmente, considerando que IPv6 es un protocolo por el que, en teoría y a nivel de web, no hay que preocuparse. Funciona un par de capas por debajo, exactamente al mismo nivel que IPv4 (vamos, el tradicional). Vale, entonces, ¿por qué preocuparse? Por dos motivos.

Por una parte, porque la todopoderosa Google lleva años haciendo considerables esfuerzos en la promoción del uso de IPv6. Así que cabe pensar (aunque Google no lo confirma) que el hecho de que nuestro servidor tenga IPv6, pueda tener un efecto positivo sobre el posicionamiento, tal como afirman algunos.

Por otra parte, con cada vez más dispositivos IPv6 en el mundo, y sobre todo dispositivos que solamente tienen IPv6, genera menos fricción servir directamente sobre el mismo protocolo que si, por solo tener IPv4, obligamos a esos dispositivos a pasar por una traducción IPv6<->IPv4. Esta fricción se puede manifestar en latencia (mala para la experiencia de usuario y para el SEO) e incluso en problemas en algunas aplicaciones que hagan un uso intensivo de recursos tales como websockets.

¿Cómo puedo saber si ya tengo IPv6?

Esto es, en realidad, dos preguntas:

  1. Para saber si tu dispositivo (ordenador, tableta, teléfono, etc) tiene IPv6 puedes utilizar cualquiera de los verificadores automáticos que existen. Por ejemplo, el de Google, o el mucho más completo de ipv6 test.
  2. Para saber si tu web tiene IPv6, puedes usar la función «Website» del mismo ipv6 test.

IPv6, desde el punto de vista de una web, es una de esas cosas que no son imprescindibles, pero está bien tener. Es un factor que se debe considerar a la hora de elegir un alojamiento para nuestra web, junto con otros más o menos técnicos según nuestras propias prioridades: Un buen servicio técnico, un buen centro de datos que no se queme aleatoriamente, un precio de mercado, y un largo etcétera.